noviembre 01, 2006

PRESENTACIÓN


A fines de 1998, el equipo Servicio País filial Iquique y la directiva de la Junta de Vecinos de Miñi Miñe, presidida por don Martín Chambe, elaboraron un plan de desarrollo turístico y cultural para la localidad y la quebrada del mismo nombre, ubicada en el norte de Chile. Entre las múltiples y ambiciosas actividades consideradas se encontraba la realización de un libro que diera cuenta de una serie de leyendas que, afortunadamente, aún permanecían en la memoria de sus habitantes. En mi doble condición de periodista y entonces funcionario de la municipalidad de Huara, a quien corresponde administrativamente la quebrada, tomé a mi cargo esta tarea, que comenzó a tomar cuerpo a partir de una serie de visitas a los diversos poblados de la quebrada de Miñi Miñe, en el verano del año siguiente.

Allí fue posible constatar una serie de particularidades geográficas y culturales, que han modelado las costumbres, las actividades productivas y la tradición oral de sus habitantes. La quebrada de Miñi Miñe se inicia en la Depresión Intermedia, a un costado de la carretera Panamericana, en el sector llamado Alto Chiza, equidistante de los centros urbanos de Arica e Iquique, a unos novecientos cincuenta metros sobre el nivel del mar, para adentrarse en la precordillera. Este paisaje precordillerano es el que domina la mayor extensión de su territorio, donde se ubican una decena de poblados y caseríos, cuyo centro administrativo y principal asentamiento humano es el poblado de Miñi Miñe.

Durante siglos, la población de la quebrada, mayoritariamente de origen quechua, se ha dedicado a la agricultura y al comercio de los productos derivados de ella. La quebrada fue un recurrente lugar de tránsito para comerciantes y arrieros venidos de Bolivia y de la costa, y luego, desde la pampa salitrera.

Miñi Miñe ganó entonces un merecido prestigio por la calidad de sus productos frutícolas, especialmente las guayabas, favorecidas por un microclima de inusual humedad en el norte del país. Por otra parte, el tránsito habitual de personas impidió el aislamiento de sus habitantes y permitió la incorporación de elementos culturales de otras regiones, que incrementaron su acervo y sus tradiciones.

La variación climática estacional obligó a los agroproductores a trabajar en un sistema de rotación de parcelas, dando origen a diversos poblados y caseríos, y a una interacción constante entre ellos. Esta particularidad se mantiene hasta hoy, y ha posibilitado una sólida cohesión de la comunidad, no sólo en torno al tema productivo.

A juzgar por los antecedentes proporcionados por sus habitantes y por la existencia de una iglesia mayor en el poblado de Miñi Miñe, la influencia del Perú durante la Colonia y el Periodo Republicano previo a la Guerra del Pacífico fue relevante, en oposición a otras regiones cercanas donde los elementos culturales indígenas fueron menos alterados o intervenidos.

La citada iglesia es la única de madera en la precordillera nortina y el altiplano chileno. En su interior se conservan una serie de lienzos de gran belleza, que relatan a través de sus imágenes de estilo cusqueño, los distintos estadios del Vía Crucis. (Es necesario agregar que la conservación de estos lienzos exige un inmediato trabajo de restauración, tanto de la estructura del edificio como de las telas). La iglesia constituye un eje geográfico y simbólico de relevancia para la comunidad, como podrá apreciarse más adelante, en los diferentes capítulos del texto.

En otro sentido, la quebrada de Miñi Miñe ha vivido durante las últimas cuatro décadas, al igual que la mayoría de las zonas rurales de la región, un progresivo decrecimiento demográfico, particularmente de jóvenes, que han emigrado a las ciudades de Arica e Iquique, principalmente. Los poblados de la quebrada se han visto afectados económicamente por la disminución de su capacidad de mano de obra, resultando en un círculo vicioso en el que a menor productividad aumenta la emigración. A esto debe sumarse el efecto de algunas plagas y la presencia de actividad sísmica periódica como otros factores relacionados con el fenómeno poblacional. La conformación de pueblos “viejos” ha generado también una especie de barrera cultural, que ha tenido como resultado más positivo desalentar la creciente pérdida de tradiciones y costumbres locales, fenómeno endémico en las zonas rurales chilenas: Miñi Miñe guarda en la memoria de sus ancianos, mitos y leyendas de riqueza lingüística y simbólica -patrimonial al fin- insospechada y hasta la elaboración de este proyecto, no documentada.

Las entrevistas se efectuaron entre septiembre de 1999 y enero de 2000, y se centraron en diversos núcleos temáticos: los recuerdos biográficos, las leyendas locales y las festividades tradicionales. A ellas se sumaron tres textos recopilatorios realizados por los hermanos Milton y Giovana Platero, de la escuela de Miñi Miñe, a cargo del profesor Mario Cortés.

Por cuanto la principal motivación del proyecto fue rescatar parte importante del patrimonio lingüístico de la quebrada, intencionalmente se obvió el recurrir a material bibliográfico histórico y/o antropológico, que pudiera mediatizar el discurso de la comunidad. Del mismo modo, frente a la diversidad de posturas y relatos respecto a los mismos hechos reales o ficticios, se optó por incluir el testimonio en primera persona de cada uno de los participantes. Es justamente esta polisemia verbal la que enriquece el resultado-texto del proyecto, aun cuando pudiera resultar un poco confusa la coexistencia de posiciones o explicaciones divergentes de algunos hechos, por ejemplo, en el caso de la aparición de la Virgen y de San Martín durante la Guerra del Pacífico.

La ordenación temática resultó en seis capítulos y un anexo con cantos tradicionales de Navidad y de Carnaval. Finalmente, la opción más relevante y valiosa del texto es que él está constituido mayoritariamente por las voces de los entrevistados, en una clara subversión a la tendencia a uniformar criterios y discursos tan propio de lo que malentendemos como “validez científica”, “discurso cultural” y “modernidad”. Muchos de los párrafos que siguen se encuentran matizados de expresiones particulares, que conservan una magia y una poesía donde subyace la riqueza de las explicaciones míticas que conformaron el discurso colectivo de la quebrada, y requieren, por tanto, una lectura atenta, que trascienda la aparente simpleza de sus contenidos.

Aunque debido a la falta de financiamiento privado y/o institucional no pudo concretarse la idea original de un producto-libro, la comunidad y el autor nos valemos de las virtudes de internet -gratuito, inclusivo y sin fronteras geográficas delimitadas-, para generar este espacio de difusión patrimonial. En la medida de lo posible, actualizaremos contenidos y añadiremos imágenes. (Para quienes deseen contar con el texto en word o más información de Miñi Miñe, pueden solicitarlo por e-mail).

De vuelta en los relatos, resulta sorprendente que sus emisores, ancianos que rinden culto a sus ancestros, que no han olvidado sus cantos, sus dolores y alegrías compartidos, que conviven con el silencio a más de tres mil metros sobre el nivel del mar con el oxígeno apenas imprescindible y que, no obstante han sabido incorporar la tecnología reciente a sus cultivos y adaptarla a su cotidianeidad familiar, continúen “lenguajeando” -de un modo único y multicentenario- una cosmovisión que los integra armoniosamente a su entorno. Como lo han hecho desde siempre.

Jorge Pujado Torres
Noviembre 2006
Contacto comunidad Miñi Miñe:
Martín Chambe Tauca: 56-57-480737

INFANCIAS: Incierta niña bonita

Desdibujado en la memoria de los más ancianos, el origen del poblado de Miñi Miñe es incierto en cuanto a su fundación, aunque presumiblemente surge en las postrimerías de la Colonia. Consecuente con la medición del tiempo que realizaban los pueblos originarios de la zona, ajenos a la calendarización formal occidental, existen hitos demarcatorios más relevantes que fechas precisas. Así, la aparición del sector llamado El Rancho y la construcción de la iglesia, en el siglo dieciocho, se instituyen en el colectivo como ejes principales del origen y consolidación, primero del pueblo, y luego, de los caseríos que conforman la demografía de la quebrada.

“Este Miñi Miñe es más viejo que la ñuñuca, porque antes había un cementerio acá en el frente. Suponen que ha habido más de cien personas viviendo ahí. Después de ahí se fueron a vivir arriba, al Rancho. Después de ahí se quedó la gente aquí. Tenía una abuelita yo, mi abuelita se llamaba Manuela, no me acuerdo el apellido, viejita ella, en ese tiempo yo tendría mis doce, trece años, ella me contaba, me decía, ¡ay hija!, acá hubo un terremoto fuerte, pero fuerte, yo era niña y venía subiendo para arriba, decía, y bajaba para abajo, porque el terremoto era muy fuerte, hará más de cien años, claro, más de cien años...”.
(Valeria Tauca).

Según algunas estimaciones, durante la primera mitad del siglo dieciocho, se llevó a cabo la construcción de la iglesia del poblado de Miñi Miñe. En el relato de algunos de sus habitantes, existe el recuerdo transmitido generacionalmente, de caravanas de burros trasladando desde la costa vigas y maderos de pino oregón. La construcción de este recinto religioso mayor y de características arquitectónicas particulares para la zona, similares a otras iglesias de la costa y los valles peruanos, permiten presumir una importancia política, administrativa y/o cultural del poblado durante el periodo. Así también lo ratifican la presencia de lienzos de gran calidad, que relatan el Vía Crucis y de algunos restos de pintura mural.

En la actualidad no existe una expresión lingüística periódica y permanente en aymara -un fenómeno creciente en la precordillera nortina-, pero a pesar de ello, y dada su ubicación geográfica, es seguro que constituyó, junto al quechua en un primer periodo de asentamientos prehispánicos, la lengua materna del lugar. El origen exacto del nombre Miñi Miñe no es claro, pero su vertiente proviene de una de esas dos lenguas o de una mixtura entre ambas.

“Dicen que Miñi Miñe significa “niña bonita”, no sé en qué idioma, será porque, yo a veces pienso, porque este pueblo tan chiquito como es, es tan productivo...”
(Valeria Tauca).

Por otra parte, la constante presencia de movimientos telúricos y la conformación de la Naturaleza como un “personaje”, capaz de manifestar de algún modo emociones y voluntad y desatar enfermedades inexplicables, caracteriza los relatos biográficos y da cuenta de una particular visión que redefine los acontecimientos históricos de la primera mitad del siglo veinte y marca las infancias de los ancianos.

“Después, el 42, empezó a removerse la tierra, a trabajarse por su cuenta la tierra. La naturaleza no es como el hombre. El hombre se manda solo, hace todas las cosas, pero la naturaleza no. Peor para uno. Mi padre ponía unas calaminas de éstas (indica) y enseguida, los tapaba con trapos, pero sabe qué lo que pasaba, el río se subía, y las calaminas quedaban en el aire. Aquí hubo no sé, era raro, el cerro se bajaba, a este lado también, entonces, todo eso ha hecho que la gente se vaya. Fallaba el agua, se sufría, la tierra se disgustaba”...
(Valeria Tauca).

“Yo nací siempre acá en Miñi Miñe”


La rememoranza de la infancia está marcada, en cada inicio de relato, por una fuerte filiación a la tierra y a la familia, representada en la figura de los padres. Es el caso de Ubel Quispe, patriarca de una de las cinco familias residentes en Cutismaya, caserío cordillerano al que sólo se accede en mulares, a través de una quebrada:

“Yo nací en Miñi Miñe y de ahí me crié acá y de ahí me fui a trabajar a Cutismaya, en una chacra que tengo yo, que es herencia de mis padres, Eugenio Quispe Tauca y Fortunata Quispe Quispe”.
(Ubel Quispe)

La mencionada filiación se repite en cada uno de los relatos biográficos:

“Yo nací acá en Miñi Miñe. Mi mamá se llamaba Juana Quenaya y mi papá Juan Tauca Quispe, pero yo me crié más con mi hermana, que se llama Rosalía Tauca, por el hecho de que mis padres ellos trabajaban en Camarones, trabajaban en Camiña, yo me acuerdo de Camiña sí, porque cuando estábamos en Camiña yo tenía siete años, me iba montada en un burro. Nací el año 1929, el 5 de julio del año 1929”.
(Valeria Tauca)

“Nací en 1919, en la pampa, oficina Catalina...
- ¿Y de la pampa se vino a Miñi Miñe?
Sí, a trabajar, porque mi mamá, Magdalena Quenaya, mi mamá contaba que empezó ya a parar la pampa salitrera, que había que trabajar, porque ella trabajaba con la fonda...
... mi padre era Genaro Iglesias. Él hizo engaño diciendo que luego iba a volver y no volvió más...
Tuve hermanos... dos hombres y una mujer, murió a los ocho años Catalina, no alcanzó a acercarse pa´ esta tierra...”

(Teodoro Quenaya)


“Yo nací acá mismo, el año 1929. Yo no tenía hermanos, yo solita nomás, mi mamá tenía unito nomás, unito nomás...
... mi mamá era María Chambe y mi padre, Juan de Dios Quenaya...”

(Luzmira Quenaya)


“Yo nací siempre acá en Miñi Miñe, en 1911 el 28 de julio...
... yo después que tuve un año y medio más o menos, falleció mi mamita, dicen, yo no me doy cuenta, por eso que yo no conozco mi mamita, quedé solo, dos hermanos, nos criamos con la abuelita...
Mi papá estaba vivo, Juan Chambe. Después de cierta edad yo me fui con mi papá. Mi papá murió en 1925 en el plebiscito de Tacna y Arica, estuvo una semana enfermo y se murió... le dio la fiebre, la terciana existía mucho en ese tiempo, a mí me dio, pero yo pasé, algunos mueren otros viven, sanan de la terciana, pero da una sola vez”.

(Nazario Chambe)

“La terciana era muy celosa”

La infancia de los entrevistados transcurre en el relato a través de las actividades agropecuarias tradicionales, que mantienen hasta hoy, en un devenir marcado por la ausencia temporal de los padres y por la aparición de endemias, que delimitan periodos en la vida comunitaria.

“Nosotros llevábamos guayabas, se producía mucho la guayaba, entonces vendíamos para allá la fruta, porque acá no había camiones, no había nada. Llevábamos la fruta a Zapiga. No había caminos para acá, entonces nosotros teníamos que ir a Camiña, mis padres también, mis padres tenían una chacra allá, primero tenían en Camarones, después entregaron Camarones, después arrendaron en Camiña, ahí trabajaron como tres años, cuatro años, yo iba para allá también, entonces yo me acuerdo que tenía siete años porque, ¿sabe por qué?, porque una señora le dijo a mi padre, ¡don Juan Tauca!, le dijo, ¿qué edad tiene su hijita? Tiene siete años mi hijita, le dijo. Por eso me acuerdo mi edad. Claro, ellos vivían mucho más antes, pero yo fui a esa edad no más allá”.
(Valeria Tauca)

En el relato puede ratificarse que el tiempo no era un factor relevante en la cotidianeidad de los entrevistados, y que más bien, era medido por acontecimientos exógenos.

“Y después de eso, una vez que estuve allá pasó el tiempo, años, más años, yo poco, no me preocupaba de la gente, así, una, otra persona, porque yo estaba enferma, a mí me dio la terciana. La terciana me tuvo como tres años. Antes le decían así los antimaláricos, venían de Arica. Ellos combatieron la terciana, pero antes daba mucha terciana, por ejemplo usted llegaba, yo estoy con terciana se la contagiaba al tiro a usted. Usted estaba una semana o unos cinco o cuatro días, se iba cortado. La terciana era muy celosa, no le gustaba gente de otra parte.

- ¿Se salvaban los que eran de acá?
= Sí, lo que eran de acá nomás”.

(Valeria Tauca).

A la explicación racional de que los lugareños hubieran podido desarrollar anticuerpos o algún tipo de defensa contra la enfermedad (inasible de cualquier modo, debido a la escasa información científica, no sólo en las zonas rurales), se superpone la interpretación que otorga cualidades humanas a la malaria. De este modo, la mortalidad está explicada porque la “terciana” es “celosa”, y no admite afuerinos.

No obstante, las explicaciones acerca del origen y desarrollo de la enfermedad, se ajustan a la lectura científica, porque eran observables en la práctica para los lugareños. De allí que esta parcela de los relatos no contenga elementos explicativos míticos o fabulescos.

“Era una enfermedad que se producía me parece a mí que era por las vinchucas y los moscos, las vinchucas en especial, yo por eso le tengo terror a las vinchucas. Antes no había como ahora tanta cosa, en ese tiempo no pues, por eso que acá toda la gente se enfermaba, la mayor parte. Pero como yo vivía sola, porque mis padres estaban en Camiña, claro, la vinchuca me picaba como quería, y al día siguiente me daba la terciana y me daba un frío, un frío, hasta que ya no se puede más, después ya le viene la fiebre, una fiebre, una fiebre, y dolor de hueso, de cabeza, que uno no puede soportar, luego, la terciana en una hora, una hora y media, se va, como que nunca ha pasado nada. El cuerpo nuevamente llega a estar normal. En la tarde me volvía a dar otra vez. Yo así estudiaba. Acá había una profesora que era de Viña del Mar, Inés Peña, entonces ella me daba unas pastillas redondas, rosadas, pero no había caso...
... la gente me decía anda, báñate, había un estanque grande, dentra por la pirca y sales arriba ... todas esas cosas hacía, pero no había caso...
... lo único que uno quiere es morirse; yo hacía todo eso pa´morirme, me bañaba cuando estaba con la fiebre, con el frío, ya como aburrida; ¡quién me decía nada!, pero quién está arriba es quien manda. Uno en esta vida puede decir yo voy a hacer esto y esto otro, pero no sabe el día de mañana. Cada día tiene su afán. Entonces, ahí quedé. Pero después cuando tuve ya mis trece, mis catorce años, mi madre falleció”.
(Valeria Tauca)

“Acá sí había escuela, pero yo no entré a la escuela ese año, porque estaba muy enferma, me daba mucho ataque, pataleta que le dicen, hasta los doce años me daba, cuando vino la vinchuca y me daba mucho. Mucho había, ahora no hay...
... eso mismo fue (la terciana), a todos nos daba. Un año se demoraba la terciana pa´quitarnos. Todos los días teníamos terciana. Acá no teníamos remedios, sola se nos quitaba, temblando y temblando. Primero da fiebre, un calor, después un frío, no se puede estar, así no más da la terciana, sed nomás tenemos, sed de agua.

- ¿Moría gente?
Acá no, pero en Suca morían, había otra terciana, más fuerte. Un año demora en quitarse la terciana, hay que comer membrillo asado. Eso es bueno. Así decían las mamás. Ahora no hay, porque después nos dieron tabletas grandes, pero daba mucha, todos los días terciana, todos los días, ahí murieron muchos niños”...
(Luzmira Quenaya)

La terciana no fue la única epidemia que asoló la región. Algunos entrevistados recordaron que antes de ésta, a principios de siglo, la tos convulsiva causó estragos en la población infantil. Así da cuenta de ello el testimonio de Juana Flores, quien repite el relato entregado de primera mano por su madre, Margarita Chambe, testigo y sobreviviente de ese hecho.

“Mi mamá tenía aproximadamente cinco o seis años cuando ocurrió esto. Se debió a que una familia, que era del lugar, pero vivía en la pampa salitrera, tuvo que salir en busca de aires más puros, para poder sanar a los niños que tenían esa tos fuerte. Al parecer, estas personas desconocían la gravedad de esta enfermedad, porque la tos convulsiva es altamente contagiosa...
Al pernoctar unos días esta familia en el pueblo, este contagio se extendió en todo el pueblo...
Ahora, como una cosa que es un poco sobrenatural, cuentan de que tiempo antes en un lugar donde siempre había mucha algarabía de niños, debido a que las mamás iban a lavar la ropa ahí en el río, entonces, se sentía juego de niños en la noche, y según contaban las personas se extrañaban, era conocido como penadura, y al parecer, fue premonitorio de la catástrofe que hubo entre los niños al contagiarse y al fallecer casi todos. Fue terrible...
En su casa (la de la madre, Margarita Chambe), falleció su hermana mayor. En ese tiempo las familias eran numerosas, y hay familias que tenían cinco o seis niños y quedaron dos...
En ese tiempo imagínese un pueblo tan lúgubre, escondido entre las montañas, y las campanas sonaban todas las tardes, para dejar a los niños, para ir a velarlos, y desconociendo qué lo que era la enfermedad tan terrible que había llegado. Posteriormente, claro, supieron que era la tos convulsiva, a partir de 1912. Yo pienso que eso habrá estado unos dos años”.
(Juana Flores)

Nuevamente, la presencia de elementos sobrenaturales (la premonición) constituye una construcción simbólica relevante ante la indefensión contra la enfermedad, aún cuando en esta oportunidad no pudiera revertir positivamente la situación.

Sumada a la presencia de la terciana y a la tos convulsiva como hechos comunitarios, surgen en el relato menciones a enfermedades no explicadas, de carácter presumiblemente degenerativo, que afectaron a los padres de los entrevistados, con resultado de muerte. Estas muertes producen un quiebre real y simbólico en las biografías de los ancianos -y por ende en sus relatos- pues, en alguna medida, constituyen el ingreso definitivo a la edad adulta, caracterizada por la continuidad laboral respecto de los progenitores.

“Mi papito se murió, yo tendría como veinte años, se enfermó, comía mucha coca, le hizo mal, con cenizas de fuego comía, y eso le quemó el estómago, gritaba una lástima mi papá, tenía mucho ardor, le ardía el estómago. Mi mamá murió no sé de qué enfermedad, se hinchó mi mamá, antes que mi papá, no sé qué le dio a mi mamá, se hinchó como una pelota...”
(Luzmira Quenaya)

TRANSITAR COMUNITARIO: “Usted es hombre y usted es mujer”

Como parte del proceso de socialización secundaria de los entrevistados, durante su adolescencia, ellos y ellas van sumándose a las actividades productivas de las localidades que habitan y asimilando paulatinamente su condición de agricultores. Esta búsqueda de una identidad adulta atraviesa por distintos grados de autonomía respecto de la tierra, según los géneros: puede concluirse de los relatos, que los hombres habrían desarrollado en su juventud conductas más “errantes”, y las mujeres, apenas traspasada la adolescencia, se habrían incorporado al mundo del hogar y del cultivo de las chacras.

“Entonces yo me quedé solo de catorce años, seguí viviendo en los terrenos de mi papá, me dejó animalitos y seguí viviendo. Después, estaba aburrido y salí a andar, me fui a la hacienda de Camarones, ahí me fui a trabajar, dos años trabajé ahí, después me fui a Codpa, me fui a Arica, por ahí, anduve unos años. Al último me vine, empezó un trabajo, el tranque Caritaya, me fui a trabajar ahí, el trabajo duró seis años, ¡existe hasta ahora! (el tranque)...
... después ya me vine a mi pueblo otra vez, ya joven, y ahí ya empecé a buscar una compañera, claro, y ahí me quedé ya, me casé y me quedé ...
... mi señora se llamaba Sofía Blas Cáceres, ella era de la quebrada de Camiña, tenía familia en Miñi Miñe, tuve varios hijos, cinco hijos tengo... eso es todo”.

(Nazario Chambe).


Sin embargo, esta primera lectura no se cumple cabalmente -se ve mediatizada, intervenida- cuando en los hogares no existen hijos varones. En este caso, se presenta una reasignación de roles genéricos, que se ve reforzada y consolidada con la incorporación de algunas mujeres a la actividad comercial más relevante hasta hace cuatro décadas: los viajes troperos.

“No conozco yo ninguna parte, mi papá no me dejaba salir a ninguna parte, de doce años yo trabajaba en la chacra, usted es hombre y usted es mujer me decía, tiene que trabajar igual decía, solita yo, quién me iba a ayudar y quién le iba a ayudar a él, todo lo que hago yo tiene que aprender me decía mi papá, sacaba guayabas, me enseñaba a hacer bancas, a hacer mesas, a hacer angarillas...”
(Luzmira Quenaya)

Aun cuando en apariencia esta doble asignación de tareas es fortuita y parece no escapar a un modo más de sometimiento del género femenino, fenómeno recurrente en las zonas rurales, en la práctica cotidiana las mujeres de la quebrada de Miñi Miñe han mantenido un rol preponderante en la actividad económica comunitaria y familiar, y ello se ha visto reflejado -cada vez menos subterráneamente- en la dinámica de las organizaciones comunitarias tanto formales como informales, donde a pesar de no ocupar puestos directivos, sus opiniones cuentan con prestigio social, y sus actuaciones tienden a ser igualitarias respecto de los hombres.

Viajes troperos



Durante centurias, y hasta entrada la segunda mitad del siglo veinte, los viajes troperos constituyeron la forma de organización productiva, económica y sociocultural más relevante de la quebrada de Miñi Miñe. Además del intercambio de productos que posibilitaron la sobrevivencia material de sus habitantes en difíciles condiciones climáticas y de aislamiento, el desarrollo de esta forma de comercio permitió el contacto permanente de la población de la quebrada con el “mundo externo”, permeando actitudes y conductas más occidentalizadas.

Es importante destacar al respecto que aunque no es trascendente en el relato de los más ancianos la variable nacionalidad -más bien constituye un mero dato-, primero la “peruanización” y más tarde, la “chilenización” de los habitantes de la quebrada (en definitiva, la incorporación de elementos culturales exógenos), se vio notoriamente favorecida por los intercambios lingüísticos y de información no verbal que resultaban de los viajes troperos.

Por otra parte, es relevante la efectiva incorporación de las mujeres al mundo laboral y social, a través de la participación en estas caravanas.

“Después ya fui creciendo yo, tendría mis catorce años, me fui a conocer Zapiga. Fui con mi hermana Rosalía a conocer. Ella conocía. Después ya me iba con cualquier otra persona, ya tenía quince, dieciséis años, con los animales, mis burros llevaba con carga, una hermana de doña Celinda (hija de Luzmira Quenaya) también iba conmigo...”...
(Valeria Tauca)

“Yo iba a Zapiga con la Valeria (Tauca), las dos nos acompañábamos, íbamos en burro, dos días para llegar a Zapiga, llegábamos a Suca primero, los hacíamos descansar, comer pasto seco, y después nos íbamos en la noche, ¡toda la noche andando!, las dos solas...
... pero iba harta gente, todos para Zapiga, algunos burros se cansaban en el camino, morían, quedaban ahí...
... para pasar Tana había gente mala, así que ahí para pasar nos juntábamos todos, que robaban, lo mataban a uno, nos juntábamos en un altito, y bajábamos todos juntos al río, y de ahí subíamos a Tiliviche, y de ahí llegaba el donque, que le decían antes, sería un motor que sonaba tanto, y de ahí llegábamos a Zapiga, llegaba el tren primero a Zapiga, ahí traía mercadería, después ya nos veníamos, dos días pa´cá también, muy lejos...”...

(Luzmira Quenaya)

La periodicidad de los viajes, cada quince días, que se alternaban con subidas a Miñita y Cuanaya a buscar la fruta, que luego sería intercambiada por otros productos mediante el sistema de trueque, unida a la indefensión e incertidumbre que provocaban llevarlos a cabo, determinó paulatinamente el surgimiento de toda una mitología y de leyendas con profundo sentido de reafirmación de valores morales compartidos socialmente. La viuda, el condenao y otros mitos antropomorfos de profunda raigambre (que serán presentados en los capítulos siguientes) surgieron, junto a anácdotas de viaje, cuando los troperos se reunían en las noches a conversar alrededor del fuego.

La profunda relevancia que los viajes troperos tenían en la vida comunitaria de los habitantes de la quebrada queda de manifiesto en que su recuerdo permanece no sólo en la memoria de quienes participaron activamente de esa actividad, sino también en testigos presenciales y otros, a través del relato de sus progenitores.

“El viaje para la comercialización de los productos era bastante esforzada. Tenía que partir la persona con sus productos al mediodía y después al anochecer estaba en el poblado de Suca, y ahí tenía que tomar una colación y los animales tomar un descanso, descargarla, y hacer comer la tropa, para que pudiera soportar el viaje.
En la misma noche después de un rato prudente se volvía a cargar y continuaba el viaje. Al amanecer estaba en la quebrada de Tiliviche, atravesando las siete pampas y tipo once de la mañana estaban en Zapiga”.

(Juana Flores)

Durante el periodo de auge salitrero, los poblados de Huara y Zapiga constituyeron los principales centros comerciales y de acopio de productos, debido a su entonces privilegiada ubicación en la Pampa del Tamarugal.

Zapiga constituyó el centro neurálgico de estos movimientos comerciales que iban desde y hacia la cordillera y también, a la costa, al puerto de Pisagua. Tanto el viaje a través de la quebrada como los procesos de comercialización en el poblado de Zapiga conformaron una serie de ritos que sus actores reeditaban cada vez. Estos ritos, hoy inexistentes, consolidaron modos de relación efectiva y positiva con lo externo, y reafirmaron entonces la relevancia y validez de la actividad que tradicionalmente y por siglos ellos habían realizado, no sólo como modo de sustento, sino sobre todo, como elemento unificador definidor de identidad comunitaria.

“... ahí llegaba un camión que compraba la fruta de propiedad de don Alberto Enei ...
... lo interesante de los viajes antiguos era que llegaban a Zapiga, a un lugar determinado que se llamaba Tambo, ahí había pasto para los animales y agua, y se podían dejar las tropas, y después hacer sus trámites...
... era costumbre que pasaran a servirse donde los chinos, que tenían como siempre su comercio de cocinería, se comía mucho la albacora, traída en tren desde Pisagua, eso era bonito, había mucho comercio en Zapiga, mucho boliviano, mucho peruano, mucho yugoslavo, que llegaron a instalarse allá, y ahí fíjese hubo amistades con estos comerciantes que perduraron en el tiempo...”...
(Juana Flores)

La posada de Alto Chiza

A partir del cierre progresivo de las salitreras durante las primeras décadas del siglo pasado y de la lenta incorporación de vehículos motorizados para la comercialización de los productos agrícolas, los viajes troperos disminuyeron hasta desaparecer. Junto a ellos, desapareció también el poblado de Zapiga como referente geográfico y centro neurálgico de sus actividades comerciales. Zapiga es hoy un pueblo fantasma.

En alguna medida -bastante limitada-, el establecimiento de dos posadas en la intersección de la carretera Panamericana con el camino que une ésta a la quebrada de Miñi Miñe, ha jugado un rol sucedáneo respecto del poblado de Zapiga. Sin embargo, y a pesar de que una de estas posadas pertenece a una antigua familia de la quebrada, la disminución drástica del flujo de personas y la rapidez con que se efectúan los traslados, han modificado sensiblemente la conducta social característica de antaño.

“Y después que yo ya tuve tiempo, ahí después falleció mi señora, mi hijo mayor me dijo hagamos una casa, porque ya había tráfico, yo dije va a costar mucho eso, bueno pero de todas maneras vamos a hacerle empeño...
... esta pampa era una pampa botada, pero ya estaba la huella, entonces vamos a buscar material.
... Casualmente encontramos en Iquique una escuela que se desarmaba, de madera, barato, no ve que la estaban botando para hacerla de concreto. Aprovechamos esta madera, de a poco de a poco hasta que se instaló y después empezamos a trabajar, hace mucho tiempo, treinta años ya.
... ahí estamos instalados hasta la fecha, aquí tengo que vivir quizá hasta el último día de mi vida, adónde voy a ir, yo ya no tengo mis tierras, las repartí todas a mis hijos... eso es todo”.
(Nazario Chambe)

Sueños y premoniciones

Los habitantes de la quebrada debieron coexistir durante décadas con dos formas de vida aparentemente contrapuestas. Por un lado, primaba en ellos y aún se mantiene, un fuerte sentimiento de pertenencia a la tierra. Por otro, efectuaban migraciones menores que significaba participar de la tropa, y otras, más prolongadas, buscando mejores perspectivas en centros urbanos, cuando asolaron las plagas.

Pero los movimientos migratorios no se vieron determinados en todos los casos sólo como resultado de acciones calculadas o planificadas. La importancia fundamental que tiene el elemento religioso cristiano, como signo orientador de la vida cotidiana, y la confianza sin contrapeso que sus figuras referenciales mantienen en la población, como fuente de milagros y consejos, gatilló algunas migraciones.

“Cuando estaba Martín en sus doce años, soñaba yo, qué voy hacer, para mí era ser feliz vivir en Miñi Miñe, con mis burros, y llevar mis carguitas a Suca y venderlas...
... cuando de repente me soñé una noche con una señora vestida de color café con unas huinchas blancas y otro caballero con una bata blanca y una huincha, ahí en el Bajo...
... de repente, lo miro al rostro, es como usted, es blanco, rosadito, lo veo al rostro, y la señora me dice:
- ¡señora!, ¿dónde va?.
- Voy a la casa señora, le digo.
- Me dice: tiene que irse de acá.
- ¿Cómo?, le dije yo. No señora, no me puedo ir, yo soy pobre, cómo me voy a ir con mis hijos, no me puedo ir.
- No, me dijo, tiene que salir de acá de Miñi Miñe.
Entonces el caballero me dijo:
- Usted se va a tener que ir de Miñi Miñe; usted no va a vivir más acá.
- Le digo yo a la señora: Señora, no me puedo ir, el caballero tiene que entender, ¿dónde voy a ir?, yo no conozco Iquique, yo no conozco.
- No, me dijo, usted tiene que irse. Es orden del caballero y usted se va.
Y me pongo a llorar y desperté. No sabía ni cómo irme y no sé ni cómo me fui. Salió Martín del quinto año, sus nueve o diez años tendría, y lo puse en el Hogar del Niño, y a la hija la puse en El Buen Pastor. No sé cómo salí, pero salí. No sé cómo me fui, pero me fui.
Después de ahí, de a poco, de a poco, fui saliendo, y me vine otra vez.
Pero tuve que volverme por otro sueño: me soñaba que un caballero alto, alto, sería de dos metros y tanto, señora, me dijo, usted tiene que irse porque acá van a pasar muchas cosas, con sus hijos, así que váyase”.
(Valeria Tauca)

La muerte de los limoneros


Durante la décadas del sesenta y setenta, se produce un profundo deterioro de los cultivos frutícolas de la parte alta de la quebrada, especialmente de los limones. A la pérdida de casi toda la producción debido a la plaga que atacó a las plantas, siguió irremediablemente, una fuerte emigración de familias a los centros urbanos de Arica e Iquique.

El despoblamiento drástico de los caseríos de la quebrada nunca pudo ser revertido totalmente. A ello contribuyeron negativamente el cierre de muchas escuelas rurales durante los años ochenta, y la pérdida de identidad que significó la irrupción de una nueva forma de “administración chilena”: los nuevos discursos, símbolos e hitos geográficos demarcatorios que trajo consigo el proceso de regionalización. Progresivamente, la figura del patriarca perdió legitimidad ante las nuevas autoridades, omnipresentes.

Este fenómeno migratorio marca un hito trascendente, definitivo para muchos, y es conocido como “la muerte de los limoneros”.

“Uno de los hechos más tristes, y que obligó a las familias a irse, a dispersarse, y algunos nunca volvieron a sus tierras, fue cuando se produjo la muerte de los limoneros. Después de eso, nada volvió a ser igual”.
(Juana Flores)

“... antes había bastante gente acá oiga, ¿sabe por qué después se fueron? Porque los limoneros se murieron”.
(Valeria Tauca)

La incorporación del territorio de la quebrada a programas sociales y de mejoramiento agropecuario ha revertido paulatinamente el efecto perjudicial de las plagas que atacaron masivamente a las diversas especies cultivadas. Esto ha resultado en un lento proceso de reversión migratoria. La comunidad ha jugado un rol preponderante en este proceso, y sus explicaciones respecto de él, constituyen el correlato de la interpretación mágica que dieron al hecho: a la “muerte” siguió la “resurrección”, como recompensa al empeño de quienes no abandonaron, al menos definitivamente, la tierra ancestral.

“Después, para volver, vi si me soñaba. Y no me soñé nada, pero sabía que Dios nos tenía algo preparado. Tomamos desayuno. Yo tengo dos árboles. Les dije: los vamos a recortar, y enseguida vamos a poner todas las mangueras y vamos a lavar esos dos árboles, que estaban llenos de miel, usted los viera, negros, color café los árboles... por eso de ahí se había ido mucha gente también ...
... de repente, a los cinco días, con hojas la guayaba, ¿cómo?, ¡tan bonito!, y ¡quien no compró mangueras! Fue una felicidad muy grande. Eso no ocurrió en sueños, pero en el pensamiento, sí”.

(Valeria Tauca)

FIESTAS TRADICIONALES

Según el relato de los entrevistados, hasta hace unos cuarenta años, las celebraciones religiosas tradicionales convocaban el interés y la preparación de la totalidad de los habitantes de la quebrada, y de grupos de personas que acudían a rendir culto desde otras localidades y regiones.

“Ah, en las fiestas antes todo era bonito, ordenadito, ahora pura bulla los muchachos...
... antes venían de Soga los lakitas, decía mi mamá, y los sikuras desde Colchane...
...ahora ya no vienen, eso se ha perdido...”

(Luzmira Quenaya)


El calendario de festividades incluía, además de la celebración de Navidad, Semana Santa y Carnaval (festividades relevantes en toda la zona andina), la fiesta de la Virgen del Carmen el 16 de julio, y de San Martín de Tours, patrono de Miñi Miñe, el 11 de noviembre.

El lento proceso de pérdida de costumbres y de deterioro en la importancia y participación de las celebraciones se debió no sólo a la emigración hacia las ciudades, sino también a una fuerte irrupción del cristianismo protestante, a partir de los años setenta, en toda la región.

Sin embargo, las principales festividades aún son conmemoradas, aunque con un rango menor de participación, y a juicio de los más ancianos, sin la preparación ni los ritos que llenaban de belleza las antiguas celebraciones.

La entrega de ofrendas al Niño Jesús, algunos desfiles por las calles de los poblados, la dramatización del Vía Crucis, entre otros, hoy sólo están presentes en el recuerdo de los mayores. De su memoria colectiva, fueron recuperados los cantos tradicionales de Navidad y de Carnaval, que se encuentran transcritos textualmente en un anexo, en los posteos finales de este blog.

Navidad

“... era bastante espiritual, más que la cosa de regalos para los niños, eso no era conocido, pero sí al llegar la Nochebuena se cantaba en la iglesia, y usaba como instrumento musical una quena, y habían personas que eran bastante dedicadas a la iglesia y que sabían todas las melodías, habían diferentes melodías, pero característico era cantar el huachitorito, que se cantaba al Niño, se armaba ahí, estaba un nacimiento, los vecinos traían lo mejor de su producción, que estaba saliendo, frutas, para homenajear al Niño...
... se tenía cuidado también de un tiempo antes hacer brotar en maceteritos trigo, para que estuviera crecidito y adornar ahí...
... entonces era una dedicación especial que tenían los prepararivos para la iglesia, y después salían a cantar, se formaba un grupo de bailarines, para un lado las mujeres para el otro los varones, y se cantaba y se bailaba.
Esto era todas las noches, a partir del día 24 hasta el Año Nuevo”.
(Juana Flores)

La tradición de los cantos aún se llevaba a efecto hace cuarenta años. Uno de los entrevistados, don Nazario Chambe, fue durante años solista en la iglesia. Las letras que componen estos cantos tradicionales de Navidad hacen referencias directas a la narración del nacimiento de Cristo contenida en la Biblia, pero en ellos se incorporan elementos locales que enriquecen su contenido.

Por otra parte, los cantos de Carnaval concuerdan con los navideños en un lenguaje de metáforas simples, que resulta en un texto de gran belleza y fuerza poética, en la reiteración de mensajes, no obstante aquí se presentan algunas licencias en los contenidos. Los cantos de Carnaval hacen alusión directa, en algunos párrafos, a la sensualidad y a la sexualidad de las parejas.

Carnaval

La dinámica de las celebraciones religiosas, al igual que todas las actividades cotidianas, estaba marcada por una visión del tiempo definida como un continuo sin límites, tal como el devenir de las cuatro estaciones del año.

“En la noche de Año Nuevo, antes de la medianoche se cantaban cantos de Navidad. Al llegar las doce, se tocaban las campanas, se daban los abrazos y se empezaba con toque de carnaval. Se terminaba también con el baile navideño y se empezaba con el Carnaval...
... antes había tocadores de guitarra que hacían punteos muy bonitos, ahora está bastante desabrido, pero en esencia es casi lo mismo.
... entonces se cantaba bastante carnavales, se celebraba el año nuevo en una alegría total”...

(Juana Flores)

Cuaresma y Semana Santa


Pero sobre todo, era la celebración de la Cuaresma, como rito preparatorio de la Semana Santa, la que concitaba la mayor preparación espiritual y física de los habitantes de la quebrada.

“Luego, en enero empezaba ya la cuaresma, todas las tardes, salía una persona y tocaba una campana, eso era todo, era una preparación para la Pascua. Ya de ahí la celebración de la Semana Santa era de una rigurosidad que ahora nadie lo creería. Las personas se dedicaban. Era característico que contaran los animales donde iban a estar pastando y ya no se hacían viajes para comercializar ninguna cosa, y se dedicaba la semana entera para conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Existía una dedicación total, todas las noches, toda la ceremonia, se cantaban en la iglesia todas las estaciones...
... habían caballeros antiguos que eran conocedores totales de toda la celebración...
... se rezaba, se oraba, se cantaba estilo gregoriano. Era muy emotivo todo, mi mamá se recuerda, ella tiene 87 años, y estaba niña en ese tiempo...”.
(Juana Flores)

El profundo sentido religioso y la estructuración habitual del rito, que tiende a evocar analógicamente lo celebrado, dio como resultado actos recordatorios de marcado dramatismo.

“... la conmemoración de la Semana era terrible, y la mamá, en este caso mi abuelita, la tapaba, tapaba a la niña, mi mamá, porque era demasiado emotivo lo que estaba pasando, especialmente a la hora que sacaban al Señor del sepulcro para preparar la Resurrección...
... cuando iban a bajarlo de la cruz para echarlo al sepulcro, llegaban a cierta hora de la noche unos personajes encapuchados. Abrían, era una cosa solemne total, sobrecogedora, entraban a la luz de velitas y llegaban ahí y sacaban al Señor Jesucristo de la cruz para velarlo.
Por eso los niños eran tapados, porque podían asustarse.
Amaneciendo del sábado al domingo tocaban las campanas a Gloria”.

(Juana Flores)

LEYENDAS BASADAS EN HECHOS HISTÓRICOS: El Rancho

El actual emplazamiento geográfico del poblado de Miñi Miñe corresponde a su refundación. Hace más de ciento cincuenta años, y producto de constantes movimientos telúricos que culminaron presumiblemente en un terremoto de gran intensidad, el antiguo asentamiento llamado Rancho Viejo, se trasladó cerca de allí, a los faldeos del pequeño valle precordillerano que hoy ocupa Miñi Miñe.

Al parecer, este traslado habría sido paulatino, pues entre el inicio del proceso y el terremoto que destruyó el Rancho, medió la construcción de la iglesia de la localidad.

El sector Rancho Viejo continúa siendo esporádicamente visitado por los lugareños, y ha sido motivo de estudios sismológicos, debido a su alto índice de actividad, no perceptible sin instrumentos, la mayoría de las veces.

“Yo no lo conocí, sólo una persona vivía ahí en ese rancho, se llamaba Timoteo Condori, ya toda la gente estaba allá, en el pueblo de Miñi Miñe, más abajo...
...la gente que dicen que vivía ahí tenía al ladito de su casa su corral de animales y todo junto, no tenían un campo retirado como ahora para criar animales, un día se fueron cambiando al otro pueblo, porque en el pueblo de abajo se hizo la iglesia en primer lugar, ¿usted conoció?...”
(Nazario Chambe)


“El pueblo antes estaba más arriba, en el Rancho le decían, pero desapareció, el temblor lo hizo así, un temblor muy fuerte que hubo, que hizo caer las casas, las pircas, se abrió el cerro, así que se perdió todo, el agua no salía para acá. El cerro se abrió y se hundió, y tiró las casitas pa´dentro. Después todos se vinieron pa´cá...
... yo no conocí, pero dice así la gente”...

(Luzmira Quenaya)


“Dicen que donde estaba el Rancho Viejo el cerro se reventó, pero quedaron algunos vivos”.
(Ubel Quispe)

El pueblo antiguo

Mezclado con otros elementos culturales (una piedra con características rituales), la destrucción del Rancho Viejo fue asociada simbólicamente a una suerte de castigo moral contra quienes habían cometido faltas graves:

“En el pueblo antiguo de Miñi Miñe había una inmensa piedra. Debajo de la piedra había un hueco tan grande que lo usaban como “cárcel” para los borrachos y ladrones de comida y trago en las fiestas patronales.

Hubo un terremoto muy grande y fuerte, la tremenda piedra se hundió y aplastó a los borrachos y ladrones que ahí estaban castigados murieron. Las personas del pueblo arrancaron a un cerro cerca del pueblo derrumbado; ahí construyeron el pueblo de ahora: “Miñi Miñe”. Pero, para las fiestas, todavía se oyen los gritos y lamentos de los borrachos y ladrones de las fiestas patronales”.

(Recopilación de Giovana y Milton Platero)

Piedras del Inca y de Carnaval

La mencionada piedra es conocida por algunos ancianos como “la piedra del Inca”, porque presumiblemente, ella data de los tiempos en que el imperio incásico dominaba la región. No existe claridad en las versiones que indican que alguno de estos monarcas hubiera visitado la zona, efectuando algún rito fundacional de alguna edificación específica, que diera sentido al nombre de la citada roca. A pesar de la nebulosa en torno al origen del nombre, los relatos tienden a identificar una zona aledaña al valle, como la depositaria de esta piedra.

Por otra parte, también es utilizada una piedra en la celebración tradicional del carnaval, y ella reviste características rituales, pues constituye un hito demarcatorio del fin de la celebración.

Este elemento tiene un carácter casi sagrado. Los celebrantes del carnaval mantenían un respeto colectivo hacia la piedra, a la que atribuían capacidades humanas como el castigo. Es probable que haya existido un sincretismo de elementos indígenas y cristianos, que asociaba esta piedra al apóstol Pedro (“piedra”), fundador de la Iglesia Católica, y de allí que ella marcara el fin del periodo de carnaval y el inicio del tiempo de Cuaresma.

“Ahora hace poco pasó acá en el carnaval, tenemos una piedra donde dejamos el carnaval después de los ocho días. Salimos todos bailando hasta una piedra, de ahí .... ...una vez, el que iba a cargo del carnaval se volvió un poco demente, un poco loco, entonces pateó a la piedra, hizo tonteras nomás con la piedra del carnaval, entonces total ya está, las gentes bajaron, él también se bajó junto con todos, pero ya él hizo una maldad con la piedra, atropelló, quizá qué cosa.
Entonces ya está, a los poquitos días cayó altiro enfermo ese caballero, que estaba a cargo de despachar el carnaval, enfermo, más enfermo, y se puso medio loco, entonces llegó un caballero de allá arriba (al parecer, un curandero del altiplano), oiga, le dijo la señora que estaba a cargo con el enfermo ahí, dijo ¿qué será esto?, está muy enfermo, por qué no me adivina, me ve la coquita.
Ya está, le puso coca, le pasó el cuerpo, la mano, todo, con la coquita, éste está castigado de la piedra, éste llegó, pateó la piedra, y no colló nada, dejó botado, la piedra se lo va a comer, la piedra está con la boca abierta, así le dijo el curandero, y esto no se puede curar le dijo, porque si yo me pongo a curar, yo me vuelvo loco, este hombre está completamente ya agarrado de la piedra, castigado, entonces yo no lo puedo curar tampoco.
A los dos días murió.
Cuando dice que se lo comió la piedra, es el ánimo pues lo que se come, porque se muere. Claro, no le digo que la piedra se lo va a comer a él, sino pues al ánimo de la persona”.
(Nazario Chambe)

Aparición de la Virgen del Carmen y de San Martín

“La iglesia data de cuando era peruana toda la zona. Yo no tengo conocimiento de la construcción de la iglesia. Al parecer, como es de madera, no tiene la característica de la construcción más antigua, que es de barrito, ésta parece que fuera como una iglesia de la pampa salitrera, pero sí era peruana porque tenía un sol en uno de los arcos que tenía adentro, que fue botado hace poco tiempo por un sacerdote, pero aún se nota”.
(Juana Flores)

A pesar de las imprecisiones cronológicas en torno a la construcción de la iglesia, los episodios básicos que conforman su biografía, permiten determinar que desde su origen, ella ocupó un lugar preponderante en la vida comunitaria. Las versiones acerca del registro de este proceso son contradictorias. La conclusión unívoca: no existe información en el país.

“... muchos años que se hizo (la iglesia), pero no quedó nada escrito del tiempo que se hizo...”
(Nazario Chambe)

“Había un libro de la iglesia, se ha perdido, ahí salía todo anotado (el origen del edificio), dicen que un cura vino y se lo llevó, ¿qué será?, hace mucho tiempo ya, un libro grande era...”
(Luzmira Quenaya)

“El abuelo Eustaquio Luna era niño en 1820... en esos años los viejos del pueblo tenían un libro donde guardaban toda la información de cuando construían la iglesia, ellos guardaron los escritos en el cementerio antiguo, para que los jóvenes conocieran...
... y donde está la cruz mayor del cementerio ahí estaban enterrados los estandartes de la guerra del 79 y los armamentos, con las dos banderas, y el armamento de ambos bandos, una sepultura honrosa que se les da, ahí tienen que estar porque eso no lo mueve nadie, siempre el abuelo me contaba...”

(Estanislao Flores)

La iglesia no estuve exenta de protagonismo en algunos acontecimientos históricos. Transmitidos los relatos de generación en generación, los elementos históricos se funden progresivamente con otros legendarios, que dan cuenta también de la pérdida material del edificio, fenómeno que se ha reiterado en muchas iglesias del altiplano.

“... bueno, se calcula que ha sido antes del año 1800, mucho antes de la guerra, por eso, cuando venían arrancando los peruanos pa´l Perú, porque los chilenos le iban persiguiendo, los peruanos entraron, ellos dicen en esta casa grande debe haber muchas cosas, estaba cerrado completo, entonces cortaron una calamina y se metieron para abajo. ... no encontraron nada, puros santos. Era iglesia...
... hasta la fecha está abierto por la sacristía, la calamina, entonces cuando llegó el ejército chileno, arrancaron por la quebrada para abajo pal Perú”...

(Nazario Chambe)

“... los chilenos hicieron sufrir mucho a la gente, porque le robaron todo lo que tenían, corrían, venían muriendo de hambre, sin comer nada, arrancaron la gente a los cerros, a las quebradas, dejando botado todo, en el pueblo, sus cosas, todo. Ellos corrieron cuando vieron que venía el escuadrón chileno”.
(Nazario Chambe)


“... y después ella también me contaba de la guerra, me decía, hay que tener mucho cuidado con las guerras, me decía, yo estuve en una guerra que, por acá había una casa, ahí tenían a la gente encerrada pa’echarle fuego, no sé yo si eran peruanos, no me acuerdo, me decía la abuelita no sé cómo miramos la cuesta de Camiña y bajaban los chilenos, ¡pero qué terrible, tantos chilenos!, y bajaba un hombre me decía con una bandera y una mujer, ¡cómo le relumbraba una corona!, ¿y cómo una mujer?, ¡sí!, y después fuimos a ver y esperamos, esperamos, la gente arrancaba por ese lado, por ahí para Cutismaya, arrancaron todos los que iban a quemar a la gente acá, arrancaban a pies, decía ella, y cuando fueron a ver, no había nada, la Virgen del Carmen y San Martín decía ella, ellos son los que protegen a este pueblo. Tenía trece años en ese entonces y ella me conversaba, vivía más sola yo, no sé cómo habrá sido la cuestión de la guerra, después me decía, los chilenos son malos, (ella era peruana), porque llevaban los burros en tiempos de choclo pa´l otro lado, teníamos choclos bonitos, cortaban los choclos y hacían fogatas y ahí echaban los choclos, y ahí se cocían los burros, y ella me decía, el hambre hace comer burro, y por eso, no hay que desear guerra, la guerra es muy terrible...”
(Valeria Tauca)

“Sí, dicen que San Martín se apareció, porque la gente estaba sufriendo mucho en su pueblo. A la final, el escuadrón pasaba por la bajada de Camiña, pero le arrancaron, al final al pueblo no llegó nadie, dicen, ellos creen que los santos han hecho esa aparición nomás pa´que la gente que está sufriendo, para que se arranque la gente...

... arrancaron todos, dejaron el pueblo botado, dicen que los santos han hecho esta aparición para que la gente arranque del pueblo”...
(Nazario Chambe)


En la construcción mitológica intervienen nuevos elementos simbólicos, que enriquecen la composición global del relato:

“No me recuerdo muy bien, pero parece yo alcancé a escuchar algo así a mi mami. En la guerra con los peruanos, yo entiendo que en una quebrada estaban los chilenos y en la otra quebrada estaban los peruanos...
... el que vio fue los peruanos como una visión que vieron la tropa de soldados chilenos, así en la otra punta ellos están aquí y miran hacia allá, entonces ve acercarse, se retiraron. No eran nada soldados, lo que eran, eran cóndores, dicen, eso fue pa´l lado de La Tirana, de Tarapacá, para ese lado, una de cóndores, dicen, que ellos no vieron, vieron la pura sombra nomás.
En vez de enfrentarse trataron de retirarse, por eso que en el escudo lleva el cóndor...”.

(Rosa Calisaya)


Existe aún una versión más compleja, que coincide en la relevancia de la intervención divina, como protección real ante la amenaza inminente de muerte.


“Hay una leyenda del tiempo de la Guerra del Pacífico, que dice que iban a llegar las tropas chilenas, la gente estaba totalmente alarmada. Los chilenos dijeron “hay que encerrar a estos indios”, y lo hicieron en una casa de un sector que se llamaba El Rancho. Estando el oficial chileno ahí miró para la iglesia y en el campanario vio a un caballero en un caballo blanco que estaba ahí en una actitud completamente desafiante. Esto desconcertó al oficial y fueron inmediatamente a ver a ese personaje que estaba ahí y que no era de ellos. Posiblemente pensaron que era algún oficial o algún militar peruano, entonces fueron hacia la iglesia y los pasos de caballo se perdían hacia la iglesia y después no había más rastros de caballo. Abrieron la iglesia y no había nadie, estaban solamente las imágenes de San Santiago, que está precisamente montado sobre un caballo blanco, y estaba la imagen del señor San Martín. El oficial chileno completamente enfurecido tomó la espada y pegó un sablazo contra la mano de la imagen de San Martín, y al pegar la espada en la mano, lo lógico era que se quebrara. pero el brazo empezó a sangrar. Esto horrorizó a los chilenos y no quisieron molestar más y se fueron del pueblo”.
(Juana Flores)

LEYENDAS BASADAS EN FENÓMENOS DE LA NATURALEZA: Malas horas y agarradera

El enfrentamiento cotidiano a los fenómenos de la Naturaleza que exige el trabajo de la tierra determinó que algunos de ellos, inexplicables hace décadas o siglos pasados, dieran lugar a creencias que otorgaban cualidades sobrenaturales a la tierra, en circunstancias precisas. Surgen acechantes las “malas horas” y el fenómeno de la “agarradera”.

La construcción de este espacio simbólico particular dio origen, como contrapartida, a la figura del curandero, un hombre capaz de develar este lenguaje extraño con que la Madre Tierra hacía sentir su desacuerdo, molestia y/o dolor.

El entendimiento entre Curandero y Naturaleza exigió la edificación de un rito de sanación, con códigos entendibles sólo para el iniciado. Hombre y Naturaleza reconstruyen, con un nuevo lenguaje, el puente roto que había interrumpido una fluida comunicación entre ambos, la comunión habitual con el entorno.

“Hay horas malas que pasan en los terrenos, uno se duerme o rabea o cualquier cosa pasando por ese trecho, eso se interna en la persona y la persona se enferma, porque ha insistido esas horas malas, se ha entrometido en uno. Es así.
Entonces, para eso hay curanderos, pues.
En el tiempo antiguo, en ese tiempo, no había médico, y había que ir allá a ver qué pasaba...”

(Nazario Chambe)

Al concurrir al lugar donde ejercía el curandero, único actor legitimado socialmente como sanador-traductor de los designios misteriosos de la Naturaleza, éste explicaba:

“... ha insistido la tierra, está pasando horas malas en ese momento y usted estuvo ahí y le ha envestido la tierra.
- ¿Qué lo que hay que hacer?, preguntaba uno.
Ellos saben altiro.
Usted tiene que asistir ahí con distintas cosas, coca, cigarros, o por lo menos pide un animal, un cordero, para enterrarlo ahí, lo pide para dejarlo tranquilo, si no lo cura, la persona que está invistida se muere nomás. Entonces, la persona tiene que alistarse todas esas cosas para que el curandero vaya a ese trecho y tiene que hacer todas las abluciones, el curandero sabe cómo hacerlo, lo sabe, rezar, arrodillarse o llamar el ánimo, porque está sin ánimo la persona, pasa la noche, hace ese trabajo, con eso, listo, se alivia la persona, y si no es eso, se muere nomás, se muere nomás.
Ésa es la tierra. Enviste”.
(Nazario Chambe)


“Dicen que la tierra agarra, se asusta uno a veces y dicen que agarra, se asusta uno de cualquier cosa, y ahí tienen que curar los curanderos, no pueden dormir, se sueña mucho y no se puede dormir, así dicen, los curanderos los sanan, ¿qué harán ellos?, le ponen millo, una piedra, los curanderos la traen de Bolivia, una piedrita, compramos acá nosotros, porque dicen que es bueno, limpia, dicen, eso es bueno dicen, y después los curanderos los llevan lejos, lo queman”...
(Luzmira Quenaya)

El sauce

“A veces, por los caminos, el arriero andaba un poco cansado, un poco aburrido también, porque la pampa es bastante pareja, y es muy tedioso andar. Entonces, iba a veces dormitando. Y de repente, mira a un lado, por la inquietud de los animales, y ve un árbol, una mole como un sauce alto que se paraba imponente ahí, y eso era un ratito nomás porque inmediatamente se desplomaba y se veían que caían miles de botellas y se quebraban. Ése era el sonido que hacía. Bueno, ahí quedaba la desbandada de la tropa. Pero no se veían vidrios después, porque ésta era una ilusión, un sonido. El arriero quedaba botado ahí. Era terrible que le pasara a una persona quedar así”.
(Juana Flores)


Las construcciones míticas basadas en fenómenos naturales muchas veces no cuentan con una mayor explicación: al contrario de las leyendas que surgen con personajes antropomorfos, no pretenden tener un carácter aleccionador ni de contención moral.

LEYENDAS CON PERSONAJES ANTROPOMORFOS

Como correlato histórico de las condiciones de vida, tradiciones generadas a partir de ellas, y explicaciones simbólicas construidas socialmente, el imaginario colectivo de la quebrada de Miñi Miñe ha creado y recreado generacionalmente una serie de leyendas, con características específicas y que las aúnan como un cuerpo cohesionado y coherente, como un discurso unívoco.

Los diferentes personajes aparecen siempre en condiciones misteriosas, amparados por la impunidad que provoca la oscuridad nocturna. Ellos vienen a reafirmar la legitimidad de ciertos valores y principios morales sustentados por el conjunto social; constituyen una advertencia para quienes intentan traspasar la barrera de los tabúes sociales que defienden y un castigo para quienes lo han hecho.

Los gentiles

Una de las historias más populares entre los habitantes de la quebrada es la que se refiere a los “gentiles”, antiguos residentes de estas tierras.

“Yo siempre he mirado con respeto, porque antiguamente yo iba a Miñita, no ve que tengo un terrenito allá, y me decían ¡no, no vaya para ese lado!, porque ahí son casitas de los gentiles...
...se habrán muerto, se habrán ido, no sé, pero las casitas están ahí...”

(Valeria Tauca)

"Los gentiles eran gente muy antigua, pues, que está enterrada por ahí, botada, puros huesos, antes no había sol, se dice, pura luna nomás, después salió el sol, murieron, se quemaron todos, no ve que el sol es muy fuerte...
... dicen que eran chicos, más chicos que nosotros...
... los gentiles vivían en todas partes, así en los cerros, sembraban pa´comer, pero otra clase de legumbres tenían ellos, no es como ahora que hay arroz, todas esas cosas, en ese tiempo no, no se conocían...
... cuando ellos existían no había sol, dicen, pura luna nomás.
...la gente actual viene de donde dice la Biblia, el diluvio dicen que no quedó nadie, hace miles de años...”

(Nazario Chambe)

“Ésa es una historia que se ha transmitido de generación en generación. Eran personas de otra generación, ellos eran distintos a nosotros porque se dice que cuando los gentiles existían no había sol. Entonces, sería todo de noche, cuentan, ¿será cierto, no será cierto?, todos tenían que hacer las puertas para arriba”...
(Horacio Chambe)

“En tiempos inmemoriales había en América un tipo de habitante que vivía en la oscuridad, no había sol. Se vivía solamente a la luz de la luna. estos personajes pensaban, tenían conocimiento que iba a salir de repente un fuego y los iba a quemar. Por esa razón tenían sus construcciones con las puertas hacia arriba, porque pensaban que de abajo vendría el fuego. Posteriormente, el sol salió, pero salió de la cordillera para abajo y como estaban las puertas para arriba, estos seres murieron”.
(Juana Flores)

Algunos testimonios se desbordan más allá de los datos consensuales, y enriquecen la leyenda con acontecimientos particulares.

“Mis abuelos han contado que los gentiles mucho le gustan las zampoñas, esa música les gusta, dicen. Antes había una fecha que los abuelos les iban a dar comida a los gentiles, los abuelos les dejaban servido nomás, porque según dicen les gustaba la quinoa, le dejaban ahí, dicen. Al otro día iban a ver, está vacío, decían así los abuelos.
Siempre hay niños más intrusos que preguntan por qué vas a dejar esa comida para allá mamá, abuelita, y la dejaban en un lugar que ya sabía dónde estaban, entonces le decían vienen los gentiles hay que darles de comer, si no encuentran comida se enojan, y el niño pregunta tanto que porqué le dejan la comida ahí, que donde están, los va a buscar, se pone a buscarlos, no sé si será cierto o suposición, que encontró una cabecita y la machucó con piedra, dicen, dentro de los huesitos como que fuera el seso que tiene uno ahí tenía lleno de quinoa, así solían contar mis abuelos”.

(Rosa Calisaya)

En el caso de los gentiles es donde aparece menos claramente la transgresión a una norma impuesta. Sin embargo, la aceptación de la muerte colectiva de una raza anterior a la actual mantiene conexiones directas con la evangelización cristiana, y por tanto, con la prohibición moral de herejía, falta de fe o ateísmo (falta gravísima hace trescientos años), para los nuevos feligreses indígenas.

“Yo pienso de que esto ha sido como indicado por los sacerdotes católicos, que llegaron y empezaron a evangelizar, y eso era la luz, y la oscuridad en que ellos vivían, una oscuridad espiritual. Cuando llegaron los evangelizadores católicos hicieron estos simbolismos, surgió un sol de conocimiento. Gentil es la persona que no es judía. Ese concepto tiene que haber sido traída por los españoles a América”.
(Juana Flores)

La quijada de Pampa y Molle


“En la quebrada Pampa y Molle antes de llegar a Miñita, iba caminando un hombre cuando se encontró con una quijada de un humano en el suelo. Al verla, el hombre medio riéndose dijo: ¡Cómo me gustaría tener estos dientes para comer pisangayos! Enseguida, el hombre le dio un puntapié a la quijada y siguió su camino.

Al rato, empezó a oscurecer en la pampa, el hombre cansado y con hambre se detuvo a descansar, empezó a sacar sus cosas para comer y en eso se le apareció un hombre que le dijo: ¡Vengo a comer pisangayos! ¡Tú me invitaste!

Entonces el hombre se puso a preparar el pisangayo, comieron harto y con bastantes ganas. Al terminar de comer el hombre aparecido invitó al caminante para el otro día a comer a su casa. Le pidió que no faltara a esa invitación.

El hombre caminante llegó al otro día a la casa del aparecido. Estaba cayendo la tarde, lo esperaban con una linda fiesta y con bastantes personas más, lo invitaron a sentarse en una muy bonita mesa. El hombre aparecido le dijo ¡Vamos a comer fideos!

Le trajeron un gran plato con fideos, el caminante miró el plato y éste estaba lleno de gusanos por lo que él se asustó mucho.

El aparecido dijo al caminante: ¡Tienes que comerte todos los fideos!

El caminante no pudo comérselos, estaba muy asustado y tenía asco.

El aparecido le dijo al caminante: ¡Tú pateaste mi quijada! ¡Eso no se hace con los restos de personas que mueren! El caminante se enfermó, y más o menos tres días después, se murió de susto”.

(recopilación de Giovana y Milton Platero)


Con diversos matices y niveles de información, los relatos que dan cuenta de la quijada de Pampa y Molle o del hueso, como es también conocida la leyenda, explicitan el rechazo moral que provoca la transgresión o profanación de los restos humanos, y el inherente castigo que conllevan.

“Un joven se encontró un hueso, llegó y pateó nomás un hueso, y no pensó que el hueso era de una persona humana. Después en la noche se sueña, y llega el joven y le dice sabe qué, yo estaba durmiendo y tu me molestaste o algo así, después lo invita pa´que vaya a su casa, yo tengo mi casa, sabe qué, mi casa es bonita, y cuando va como que se dirige al cementerio, pero va a un palacio más o menos así, y después le dice que se sirva, después en el plato del joven ve algo raro que está comiendo, y no se atreve a comer de su plato, entonces ve que parece que estuviera comiendo gusanos, que algo se le mueve en el plato del muerto.
Sírvase nomás le dice.
No, no quiere servirse.
Después ya conversaron bien y ya entonces me voy, le dice, después un día yo te voy a invitar, entonces ya el joven sale.
La señora Pabla en conversación me contó así”.
(Rosa Calisaya)

La viuda

Aunque de menor gravedad, la infidelidad más que motivo de sanción explícita, era objeto de advertencias veladas a través de relatos que buscaban asustar a los hombres.

“Una mujer buenamoza se le presentaba al arriero por el camino, se enamoraba, se encantaba con ella, y tenía amores con ella en la pampa, en un lugar donde podía parar toda la tropa. Cuando despertaba, estaba alguien a su lado, pero una calavera, un esqueleto.
El despertar era bastante terrible”.

(Juana Flores)

El patacán

“Patacán se produce de las mujeres, las mujeres están con hombres y se preñan y no quieren tenerlo a su tiempo y lo botan antes de tiempo, entonces ya no son cristianos, son patacanes decimos nosotros, son duendes, eso los entierran y viven. Viven enterrados, porque son moros, no son bautizados, nada, y con el tiempo hacen travesuras con la gente que anda por ahí, se les presenta a veces, molesta, en la noche peor, porque va donde está durmiendo, le desnuda, y así, son malos, el que ha sido mujer persigue a los hombres y el que ha sido hombre persigue a las mujeres...”
(Nazario Chambe)


“Patacán es una guagua, que era abortado y enterrado sin bautizar. También un recién nacido enterrado sin bautizar. Estos seres que se enterraron sin bautizar, los arrieros cuentan, que se aparecían y se paraban delante de las tropas, eran molestosos, no tan agresivos, sino como niños molestosos, entonces había que combatirlos con cosas absurdas, como si usted le tiraba una piedra eso no le hacía nada, tenía que tirarle con la bosta de un caballo, de un burro, y eso si era una agresión para este personaje”.
(Juana Flores)

La figura del patacán, aunque de apariencia siniestra, se tiñe de cualidades infantiles, de lo que no llegó a ser, y por lo tanto, no es realmente malo, sino “travieso”, una víctima de una de las transgresiones valóricas más graves para la comunidad de la quebrada: el aborto.

“... también , si le amenazaba con pegarle con la mano de lana, le pegaba con la mano de fierro, porque era todo al revés. Yo pienso que eran manos comunes y corrientes, pero el golpe con la mano de fierro dicen que podía ser incluso mortal”.
(Juana Flores)

No obstante, el carácter travieso no impedía situaciones más dramáticas para el nonato, donde se evidenciaba el dolor de su naturaleza trunca.

“Cuando era abortado salía a buscar a su mamá, para culparla por lo que había hecho con él, y lloraba por los caminos, iba acercándose a la casa donde vivía la madre y si la madre se descuidaba mucho de repente podía estar prendido a su pecho. Entonces, era una cosa horrorosa. Ahora, el llanto y la lamentación que siempre quedaba era que cuando era niña, si su mamá no la hubiera abortado habría sido una reina, y si era niño decía que hubiera sido un cura.
Ése era el lamento”.

(Juana Flores)


El patacán adquiere la prerrogativa de castigar las acciones de un conjunto social que no fue capaz de defenderlo de su destino, y para ello utiliza una violencia mínima, expresada en el golpe. Además, permite, en un juego de equívocos, la toma de una decisión, que a él le fue negada.

“Ése yo no he sabido, sólo me han contado que se presenta, es un niñito nomás chiquito con sombrero, con sombrero grande. ¿Y de qué depende que se le presente? Habla y dice con que mano quiere que le pegue, con la mano de lana o con la mano de fierro, y uno contesta con la mano de lana...
... pero dicen que dañino dañino no es, pero le hace como una burla a uno, por ejemplo, si yo tuviera una parte que me alojara, allá le llaman mal paraje, parte que es malo, donde hay esos duendes que hay, entonces yo encierro mis burros en el corral y los amarro bien amarrados y en la noche viene el duende y los desata. Eso sí, desata a los animales”.
(Rosa Calisaya)

“En Champaja cuando estábamos niños nosotros, mi abuelito contaba, ahí salía dicen, un niño chiquito, un hombre tenía unos burros y nos soltaba los burros, los botaba fuera del corral, entonces qué estará pasando se levantaba él y los encerraba de nuevo, al rato ya están andando otra vez, y así todas las noches lo molestaban, ¿qué será? Se puso a aguaitar, y no pues, ha sido el patacán que mucho hablaban de él...
... pero eso ha existido siempre, y lo vio, y decía que de una piedra bien chiquita, de ahí salía...
... también al finao Eustaquio, en Cuanaya, estaba durmiendo, él dormía en el campo así nomás, y se despertó y arrancaron, pero lo estaban arrastrando, ¿qué sería?...”
(Filiberto Flores)

En el relato de los ancianos también hay espacio para explicar porqué los patacanes se presentan cada vez menos.

“... eso existía mucho antes, pero ahora ya parece que no, ahora porque van al hospital, a las matronas, y ellas les hacen operación, ya no los botan, nada, nada de eso, ahora van las niñas, ruegan a las practicantes, a las matronas, quizá qué cosa les dan de tomar y lo botan nomás, lo botan a la basura, pero ya no como antes por acá por el campo, ahora las matronas hacen nomás, le pagan y listo, la matrona le hace el trabajo”.
(Nazario Chambe)


A pesar de esta disminución en sus apariciones, algunos entrevistados han sido testigos presenciales de las travesuras del duende.

“Yo oí una vez, en Miñita, estábamos regando abajo y sentí que iba llorando, era un patacán que decían, con doña Valeria vimos que lloraba, íbamos arriba al pueblo ya, e iba llorando una guagua, patacanes decían ellos, quizás que será patacán, esas guagüitas que se mueren son patacán, se levantan, dicen, cómo será, era de noche oscura, de dónde íbamos a oír guaguas ahí, pero no lo vimos...”
(Luzmira Quenaya)

“cuando se quema. Ahí se perdió completamente, se termina el duende, así cesa...”
(Nazario Chambe)


“Para poder deshacer este sufrimiento de este ser, lo que se tenía que hacer era ir donde estaba enterrado este pequeñito, había que desenterrarlo y bautizarlo, y después, mi mamá me ha asegurado que es cierto, que a ella se lo contó su papá que era cierto, que al desenterrar el hijo de una señora que se llamaba Rubecinda, la mitad del cuerpo estaba vivo, con venas, circulando la sangre, y el otro lado todo cadáver, seco, descompuesto. Entonces tuvieron que abrir la parte viva, echarle sal, y bautizar al niño, y ahí dejó de molestar”.
(Juana Flores)

El diablo encantado

La prohibición que pesaba sobre lo desconocido, lo afuerino, sobre todo en el acercamiento irreflexivo que los menores podían tener hacia él, queda de manifiesto en el relato que sigue, y que asocia lo anterior a características maléficas y demoníacas.

“Erasmo Quispe cuenta que a él le contaron que en tiempos pasados había un grupo de niños del pueblo de Miñi Miñe que se encontraba en la plaza jugando. Era un grupo numeroso, sobre veinte niños, y en la tardecita, jugaban, corrían y gritaban y de repente aparece un niño, no muy grande ni muy chico, que observaba cómo jugaban los niños, y al ver el entusiasmo con que jugaban, llegó un momento en que este niño se acercó y preguntó “¿puedo jugar?”.
Los niños lo miraron sorprendidos y uno contestó ¡ya!, sin pensar de dónde salió, si era del pueblo o no. Total que el niño toma al tiro el control y dice juguemos entonces, y empezaron a correr, y después de un rato, el niño dijo:
- juguemos al caballito,
- ¡ya!, dijeron todos.
- ¿Y quién va a ser el caballito?, preguntó uno.
- Yo voy a ser el caballito, dijo el niño. Ustedes tienen que montarse en mí y yo los llevo.
Y empezaron a montarse los niños sobre este niño que hacía de caballito y corrían y empezaron a montarse, y a medida que corría, y lo curioso era que ya iban más de quince niños que estaban encima de este niño, y faltaba un niño que se subiera, y este último niño dijo:
- ¡no!, yo no me voy a subir, porque este niño le entró la duda cómo podían subir tantos a este caballito.
Entonces el niño, para poder salir del paso dijo:
- yo voy a ser el arriero. Voy a arriar al caballo.
Y pescó un palo y empezó a batirlo por el aire el palo y a gritar ¡arre, caballito!, pero en su mente seguía pensando cómo estaba sucediendo esto. En su pensamiento se decide a hacer algo, y pesca y le clava con el palo en el poto al caballo. El caballito saltó y corrieron los niños unos por acá y otros por allá. Entonces él corrió a informarles a las personas grandes qué estaba sucediendo. Salieron estas personas y cuándo vieron lo que estaba sucediendo, los niños llorando en el suelo, y el niño que hacía de caballito más allá, que no era algo normal, y llamaron a otras personas que sabían rezar y que tenían conocimientos de religión y llevaron a este niño a un lugar que es una cuesta, y allá lo enterraron y ahí quedó el diablo encantado. Y en ese lugar dicen que ahora hay una figura en el cerro que parece un gato”.
(Martín Chambe)

El condenao

“Mi mamá alcanzó a conocer aquí una vez en Chaca, dicen, ése era un matrimonio que tenían una guagüita, se enfermó el caballero y ella lo llevó al hospital, ahí lo dejó hospitalizado porque estaba muy grave, dicen. La señora con el burrito se vino hasta Chaca, y a la semana volvió a bajar a Arica, le dijo el médico se encuentra igual nomás su marido.
Entre diez días volvió a bajar, vio a su marido, su marido le lloró, le suplicó que lo saque nomás, que estoy mal, prefiero ir a morir a Chaca nomás, le dijo. Le suplicó de una y otra manera.
El médico decía no, pero si usted le lleva, es bajo su responsabilidad.
Entonces lo sacó, firmó un papel, y lo sacó a su marido. En el camino murió. Lo hizo montar bien en el burrito, lo aseguró bien, subió la cuesta de Acha, dicen, ya tomó un poco a la pampa, cuando le habló no le contestó, ya estaba frío, ya había fallecido, dicen. Como ya había fallecido, lo aseguró bien y siguió nomás con el burrito, caminando a Chaca. No había luna, estaba oscuro en la noche. Entonces ya estaría terminando la pampa para bajar Chaca hacia acá, cuando ya salió la luna de ahí.
- ¡Ay! Menos mal que salió la luna, voy a llegar nomás con esta lunita, dijo la señora.
Cuando le contesta el finado en aymara “luna ha salido”. Ella mira, estaba asustada, se bajó del burro el finado, tremendo hombre se volvió, dicen, se asustó, dejó el burro botado, y corrió cuesta abajo...
... estaban recién haciendo el camino de bajada a Chaca, dicen, había tres o cuatro personas, los camineros que estaban trabajando y tenían un campamento chiquito, ahí estaban, y había una fogata.
- Allá nomás voy a correr dijo la señora, qué le tiró la mantilla de la guagua, para distraerlo, cuando llegó adonde estaban las personas, quedó muda, no pudo hablar, le dieron un poquito de café, después ya se le pasó, y contó esto me pasó.
Al otro día, levantó temprano y fue con los caballeros ahí y estaba botada la mantilla de la guagua nomás, y había un rastro de buitre, de cóndor que había, un rastro de pura bestia, un rastro de puro talón nomás, dicen, más allá es rastro de gallo y así va cambiando el rastro, dicen. Y ahí hacia dónde, qué rumbo tomaría..”

(Rosa Calisaya)

La transformación en animal, en bestia que muta, ratifica la presencia de un elemento anormal y maléfico en el occiso. Aunque en este relato en particular no se mencionen datos biográficos del recién fallecido, las versiones restantes de los entrevistados confirman que quien se condena, lo hace por culpa de un pecado grave.

“El condenao era una persona que fallecía en pecado mortal, como por cometer asesinato, o una persona que tenía un atrevimiento grave contra sus padres. El condenao era un muerto que se enterraba, pero a este muerto el demonio lo levantaba y lo hacía andar. Era como un zombie. Este condenao andaba y molestaba a las personas, merodeaba al pueblo, era una cosa horrible, un ser horrible que nadie quería ver, pero lamentablemente estaba por ahí y solamente un sacerdote tenía el poder para desterrarlo y que dejara de molestar.
Hubo encuentros según cuentan yendo para la localidad de Camiña, a veces en una quebrada que se llama Acha, porque en Camiña siempre había sacerdote, entonces estaba molestando uno y lo traía, tenía que traerlo con una capucha estilo fraile antiguo, que no lo mirara nadie, porque su mirada era muy maligna. Entonces el sacerdote lo traía con cosas sagradas, ahí podía dominar a este ser. Se encontraban con los arrieros que iban camino a Camiña y tenían que pasar por el lado sin mirar. Una vez, cuenta un pariente más viejo que mi abuelito, que llegó a Camiña después de haberse cruzado con un personaje y tuvo que amanecerse en la calle porque nadie le abrió la puerta, porque el cura había dado orden que no se la abriera la puerta a nadie, no iba a ser el condenao que golpeara.
Entonces, estos personajes eran abominables y se hablaba mucho de ellos en ese tiempo antiguo, bastante antiguo, como a principios de 1800, en ese tiempo tiene que haber sido, se vivía en la oscuridad, la gente era muy dada a supercherías, a creencias sobrenaturales, ahora que alguna cosa rara tuvo que haber para que la gente hablara”.
(Juana Flores)

“ Yo nunca he visto nunca nada de eso. Será algún pecado, no sé qué pasará con esa gente para levantarse. Antes, decían, se levantaban los muertos... las almas cuando están pa´morir, penan.
Yo oigo llorar, cuando una niña está pa´morirse, en Miñi Miñe, hace tiempo, entonces serían las once o doce de la noche, esta niña tenía chacras más arriba, entonces de arriba empezó un llanto de mujer por el camino, en ese rato estaba despierto, entonces siento que de arriba venía un llanto de mujer, lloraba, lloraba por el camino, no puede ser decía yo, total que donde estaba yo pasó de arriba p´abajo llorando esa bulla de mujer, entonces al otro día vino los alumnos de Miñi Miñe pa´llá, murió fulano de tal me dijo, ¡ah! Entonces ésa ha sido el alma no ve. Cuando yo andaba por ahí, venía llorando y despidiéndose porque ya se iba a morir, creo yo que el espíritu, el alma de uno antes de morir ya está penando por ahí, viendo todas sus tierras por ahí.
Pero muerto en vida, este finado, nunca he visto”.
(Nazario Chambe)

La transgresión capaz de condenar sin remedio a un miembro de la comunidad después de fallecido es el haber cometido incesto. Este hecho está revestido de tal gravedad, que incluso el explicitarlo en los relatos, constituyó para algunos entrevistados un verdadero tabú (algunos bordearon el tema y se refirieron vaga o eufemísticamente a él).

“Antes existía, ahora ya no ya. No pero todavía yo creo que tarde en tarde se ve, hace poco me estaba contando una señora arriba, será el año pasado, dice que el condenao le tiene miedo al fuego, falleció el caballero parece que falleció, y a la viuda la llevaron para su casa las vecinas, se amontonaron toda la noche, lo sepultaron y todo, juntaron la leña para echarle al fuego hasta que amanezca, porque la noche que se enterró esa noche regresa, ya no, dicen, entonces ya está la viuda a un ladito está sentadita, la dueña de casa estaba echando leña al fuego, entonces dice ándate nomás a dormir, déjame si a ti no te he llamado, a ella la necesito le dice, ahí ella mira entre sí y claro, tenía la persona viva...
La señora dice que se viene la nariz en sangre, en hemorragia, y ahí por último no hay ni cómo llevarlo ahí nomás lo dejó, se fue a dormir, cuando se levanta en la mañana tempranito, nada, la pura ropita nomás está ahí.
Eso fue en Colchane pa’arriba. Y tiene que existir todavía, claro que ya uno no lo ve como antes, mucho, ahora no”.
(Rosa Calisaya)

El condenao de Miñi Miñe

La versión recopilada y redactada por los hermanos Platero da cuenta de que el incesto origina la condena:

“Hace bastante tiempo que en Miñi Miñe se dice que hubo en este pueblo un “condenao”.
Le decían “condenao” porque la gente contaba que Raúl fue un hombre que tuvo amores con su hija.
Esa persona ya murió de viejo, a pesar de ser enterrado en el cementerio del pueblo, siguió vagando por Miñi Miñe porque cuenta la historia que las personas que son “condenao” se van muriendo de abajo hacia arriba, o sea, que se mueren definitivamente.
La gente dice que el “condenao” se come a la gente. MI abuelita me contaba que a ella le habían dicho que: “si se te aparece el “condenao” no lo mires, sigue tu camino y reza harto”.
El “condenao” se come a la gente buena y mala...”

CANTOS DE NAVIDAD: Primer tono

Con trote y galope
vamos acercando (bis)
con golpe de mano (bis)
vámoles cantando (bis)

Coro:

Arrurrú mi niño
arrurrú sin paz
ojos de lucero
boquita y coral.

Caminen pastores
caminen a Belén
que un ángel nos dice
que ha nacido Dios.

Sí porque esta noche
para vuestros alivios
presentose en las pajas
un hermoso niño.

Vamos presurosos
allá a presentarnos
a este tierno niño
que viene a salvarnos.

No llores mi niño
lindo sin igual
dentro de las pajas
chorro de cristal.

¡Ay! mi Manuelito
¡Ay! mi chiquitito
dentro de las pajas
como un jilguerito.

Al niño le traigo
esta agua de olor
para que le apague
la sed del calor.

El pesebre alegre
la hermosa doncella
que allá está el niñito
que anuncia la estrella.

Recibid mi niño
esta corta ofrenda
este carnerito
que mi amor presenta.

Si los pajarotes
pasaron cantando
y gloria al pesebre
pasaron rezando.

Dicen que los Reyes
ofrecieron dones
ofrezcámosles
nuestros corazones.

De los cielos tiene
la miel que llover
miel sobre buñuelo
esta dulce miel.

Échanos mi niño
vuestra bendición
para que alcancemos
de vos el perdón.

Segundo tono

Amigos pastores
vamos a Belén
a darle a la Virgen
grandes parabien.

Coro:

Los pascuales demos
con el parabién
este niño hermoso
nacido en Belén.

Todos los pastores
con qué admiración
desean al ver
a este primador.

Señora Santa Ana
porque llora el Niño
por una manzana
que se le ha perdido
Vamos a mi huerto
yo le daré dos
una para el niño
y otra para vos.

Señora Santa Ana
abuela de Dios
cama y cabecera
del Niño Jesús.

Señor San José
encienda la vela
para ver quién pasa
por la cabecera.

Los ángeles son
que van en carrera
en busca del niño
que vaya a la escuela.

María lavaba
san José tendía
el niño lloraba
del frío que hacía.

Si mi niño llora
quién podrá cantar
bajen querubines
del cielo a adorar.

Yo le traigo al niño
este pajarito
para que le cante
viva Manuelito.

Yo le traigo al niño
una cucharita
para que con ella
tome su sopita.

Yo le traigo al niño
un buen regalito
de muy lindas flores
en este platito.

Yo le traigo al niño
un cordón dorado
para que con él
guarde su ganado.

Ayer me dijeron
que ha nacido el niño
para que se juegue
traigo este barquito.

Albricias, albricias
albricias, fortunas
que el sol se ha juntado
con la hermosa luna.

Albricias, albricias
albricias pastores
porque hoy ha nacido
el Rey de las Flores.

Haced que nosotros
de ti recibamos
tu bendición santa
que es la que imploramos.

Tercer tono

Tres naturales de Georgia
acá nos tienes mi Niño (bis)
que venimos a festejarte (bis)
con afecto y júbilo. (bis)

Coro:

Larailará
la la la lá

Esta noche es Noche Buena
y noche de no dormir
porque el niño Manuelito
a las doce ha de nacer.

Una estrella santa
guiando va el camino
porque esta noche en el cielo
se descubre la provincia.

En tano rigor del aire
estás temblando de frío
que estás como el grano
en las espigas del trigo.

Vámonos para la puna
que al lado estás pasando
con mi manta y con mi lligya
yo te llevaré tapando.

En el portal de Belén
hay una granada hermosa
que la pintó San José
con su mano poderosa.

Está tu madre tan floja
que a la España te ha traído
mejor vamos a la puna
jugarás con carnerito.

Para vos te estoy trayendo
un barquito pintadito
para que hagas cunita
pa’l bebito Manuelito.

Yo ya te estaba trayendo
la cuajada con la leche
te corcovaste tu burro
punito quebraste verde.