noviembre 01, 2006

Sueños y premoniciones

Los habitantes de la quebrada debieron coexistir durante décadas con dos formas de vida aparentemente contrapuestas. Por un lado, primaba en ellos y aún se mantiene, un fuerte sentimiento de pertenencia a la tierra. Por otro, efectuaban migraciones menores que significaba participar de la tropa, y otras, más prolongadas, buscando mejores perspectivas en centros urbanos, cuando asolaron las plagas.

Pero los movimientos migratorios no se vieron determinados en todos los casos sólo como resultado de acciones calculadas o planificadas. La importancia fundamental que tiene el elemento religioso cristiano, como signo orientador de la vida cotidiana, y la confianza sin contrapeso que sus figuras referenciales mantienen en la población, como fuente de milagros y consejos, gatilló algunas migraciones.

“Cuando estaba Martín en sus doce años, soñaba yo, qué voy hacer, para mí era ser feliz vivir en Miñi Miñe, con mis burros, y llevar mis carguitas a Suca y venderlas...
... cuando de repente me soñé una noche con una señora vestida de color café con unas huinchas blancas y otro caballero con una bata blanca y una huincha, ahí en el Bajo...
... de repente, lo miro al rostro, es como usted, es blanco, rosadito, lo veo al rostro, y la señora me dice:
- ¡señora!, ¿dónde va?.
- Voy a la casa señora, le digo.
- Me dice: tiene que irse de acá.
- ¿Cómo?, le dije yo. No señora, no me puedo ir, yo soy pobre, cómo me voy a ir con mis hijos, no me puedo ir.
- No, me dijo, tiene que salir de acá de Miñi Miñe.
Entonces el caballero me dijo:
- Usted se va a tener que ir de Miñi Miñe; usted no va a vivir más acá.
- Le digo yo a la señora: Señora, no me puedo ir, el caballero tiene que entender, ¿dónde voy a ir?, yo no conozco Iquique, yo no conozco.
- No, me dijo, usted tiene que irse. Es orden del caballero y usted se va.
Y me pongo a llorar y desperté. No sabía ni cómo irme y no sé ni cómo me fui. Salió Martín del quinto año, sus nueve o diez años tendría, y lo puse en el Hogar del Niño, y a la hija la puse en El Buen Pastor. No sé cómo salí, pero salí. No sé cómo me fui, pero me fui.
Después de ahí, de a poco, de a poco, fui saliendo, y me vine otra vez.
Pero tuve que volverme por otro sueño: me soñaba que un caballero alto, alto, sería de dos metros y tanto, señora, me dijo, usted tiene que irse porque acá van a pasar muchas cosas, con sus hijos, así que váyase”.
(Valeria Tauca)

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